SMART CITY

EL PAISAJE URBANO EN UNA SMART CITY El    concepto    de    paisaje    urbano    representa    la   sublimación    del    de    medio    ambiente    urbano,    y supera    el    de    los    espacios    públicos    mediante    la incorporación   a   los   mismos   del   entorno   que   los rodea.    El    paisaje    urbano    se    convierte    así    en    un espacio     esencialmente     de     carácter     colectivo, aunque   integrado   tanto   por   bienes   de   titularidad pública   como   privada,   que   acaba   conformando   la piel de las ciudades. HACIA     UN     CAMBIO     DE     PARADIGMA     EN     EL ÁMBITO DE LA GESTIÓN URBANA SOSTENIBLE Pese   a   no   formularse   de   manera   explícita   en   su declaración   final,   durante   el   Congreso   se   puso   de manifiesto   la   necesidad   de   divulgar   en   la   esfera internacional   las   experiencias   urbanas   dirigidas   a la   gestión   del   paisaje   urbano.   En   ese   sentido   se señaló     la     importancia     de     movilizar     en     esa dirección   la   importante   tarea   que   llevan   a   cabo   las asociaciones   de   ciudades,   y   acometer   más   pronto que    tarde    el    reto    de    incorporar    la    gestión    del paisaje   urbano   a   los   temas   de   la   agenda   de   las Naciones    Unidas,    una    vez    puesto    de    manifiesto que   todas   las   ciudades   tienen   un   paisaje   urbano que merece ser protegido. Por   lo   que   se   refiere   a   la   Conferencia   Hábitat   III,   nos   interesa   poner   de   relieve   que   en   la   reunión   preparatoria   temática,   celebrada   en   Barcelona   los días   4   y   5   de   abril   de   2016,   se   reconoció   el   papel   central   de   los   espacios   públicos   en   la   Nueva   Agenda   Urbana   por   resultar   un   factor   clave   para alcanzar   la   aspiración   colectiva   de   hacer   de   las   ciudades,   y   de   otros   asentamientos   urbanos,   lugares   más   sostenibles,   justos,   democráticos   y participativos. “Los   espacios   públicos   son   de   propiedad   pública   o   terrenos   de   propiedad   privada   designados   para   uso   público,   y   son   accesibles   y   disfrutados   por todos   los   ciudadanos   sin   restricciones   y   de   forma   gratuita.   El   carácter   de   una   ciudad   se   define   por   sus   calles   y   la   infraestructura   pública,   que   es visible en muchas y diferentes tipologías urbanas, incluidas las plazas, bulevares, jardines, parques vecinales, bibliotecas, etc.” Como resultado de la reunión surgió la llamada Declaración de Barcelona, de la que interesa destacar en este punto párrafos como los siguientes: “Celebramos en particular el reconocimiento de la importancia del espacio público para lograr el desarrollo sostenible. (…) “ “Reconocemos con satisfacción la considerable atención que se ha dedicado al concepto de espacio público en el proceso preparatorio. (…) “ “Todos   ellos   coincidiendo   con   la   siguiente   definición   del   espacio   público:   Los   espacios   públicos   son   todos   los   lugares,   incluyendo   calles,   de propiedad pública o de uso público, accesibles y disfrutables por todos de forma gratuita y sin un motivo interesado. (…) “ “La   Nueva   Agenda   Urbana   es   una   oportunidad   única   para   que   las   autoridades   de   todos   los   niveles   puedan   para   hacer   realidad   los   derechos humanos de todos los habitantes. (…)” “El derecho a la ciudad es un nuevo paradigma que proporciona un marco alternativo para volver a pensar las ciudades y la urbanización. (…)” “Existe   la   necesidad   de   preservar   el   carácter   y   la   calidad   de   los   espacios   públicos   históricos   existentes,   con   el   fin   de   promover   la   identidad   local   y transmitir   el   patrimonio   de   las   generaciones   futuras;   mejorar   las   áreas   públicas   existentes   en   las   partes   centrales   y   periféricas   de   la   ciudad,   con   el fin   de   mejorar   su   calidad   y   fomentar   el   sentido   de   pertenencia   de   las   comunidades;   el   diseño   de   nuevos   espacios   públicos   en   las   zonas   edificadas y en nuevas expansiones urbanas, para incrementar la calidad de vida de los habitantes y fortalecer la estabilidad social. (…)” Todas   estas   declaraciones,   que   compartimos   en   esencia,   fueron   objeto   de   estudio   en   una   reunión   preparatoria   de   ICOUL   2017   que   celebramos   en Barcelona   el   día   18   de   abril   del   2016,   con   asistencia   de   algunos   de   los   ponentes   del   primer   congreso.   En   el   curso   de   la   reunión,   nos   planteamos algunas preguntas: ¿Por qué nos limitamos al espacio público y no empezamos a hablar en términos de paisaje urbano? ¿Es que acaso el derecho a la ciudad se agota en el espacio público? ¿Es   que   el   patrimonio   privado   no   coparticipa   en   la   mejora   de   la   calidad   de   la   ciudad,   de   su   imagen,   y   en   el   fomento   del   sentido   de   pertenencia   y del orgullo de ciudad? ¿Es que el decorado –en terminología clásica griega- de los espacios públicos de la ciudad no merece ser objeto de protección y mejora? Los   allí   reunidos   lamentamos   que   en   esta   reunión   temática   de   Hábitat   III   sobre   los   espacios   públicos,   planteada   como   una   oportunidad   para   el debate   y   las   aportaciones   entre   los   líderes   mundiales   y   las   partes   interesadas   en   el   campo   del   desarrollo   urbano,   el   paisaje   urbano   fuera   el   gran ausente. Creemos   que   nos   encontramos   ante   una   inmejorable   situación   para   hacer   aflorar   en   el   escenario   internacional   urbano   las   ventajas   de   una   política de   gestión   del   paisaje   urbano,   experimentada   con   éxito   en   Barcelona   durante   treinta   años.   Una   simple   lectura   de   las   recomendaciones   que surgieron   del   debate   sobre   Espacios   Públicos   llevado   a   cabo   en   Nueva   York   con   motivo   del   PrepCom   1   de   la   Conferencia   Hábitat   III   nos   apunta algunas de las posibilidades de este nuevo escenario: - Hay que aprender de los errores de Hábitat II, y transformar las ideas en acciones. (Gestión). - La necesidad de reconocer el papel de la sociedad civil y la importancia de los incentivos al sector privado. (Acción público-privada). -   La   necesidad   de   un   cambio   en   el   lenguaje   para   tratar   de   persuadir   a   los   gobiernos   y   al   sector   privado   que   invertir   en   espacios   públicos   es ventajoso para todos. (Patrocinio y colaboración). Es precisamente por ese cambio en el lenguaje que se inicia el desafío que planteamos desde esta modesta plataforma. Entendemos   el   paisaje   urbano   como   una   sublimación   del   medio   ambiente   urbano,   como   una   superación   del   concepto   estático   de   espacio   público Un   paisaje   que   por   su   propia   naturaleza   nunca   puede   ser   de   carácter   limitado   y   excluyente.   Defendemos   igualmente   que   invertir   en   paisaje   urbano es invertir en desarrollo urbano sostenible, es ejercer una verdadera responsabilidad social, y eso sí es ventajoso para todos. La   idea   subyacente   que   inspira   esta   propuesta   es   que   por   medio   de   la   gestión   del   paisaje   urbano   se   produce   un   impacto   lo   suficientemente trascendente   en   el   medio   como   para   reconstruir   la   imagen   de   la   ciudad   y   mejorar   la   calidad   de   vida   de   los   ciudadanos,   con   independencia   del nivel   de   desarrollo   al   que   estos   hayan   tenido   acceso,   siempre   bajo   la   premisa   de   la   supremacía   del   derecho   colectivo   a   gozar   de   un   ambiente urbano sostenible y de un paisaje armónico y adecuado para el desarrollo humano, por encima de cualquier derecho o interés particular. El paisaje urbano, el actual y el que pretendemos disponer o mejorar, para bien o para mal, forma parte importante del branding de la ciudad. La   excelencia   en   la   calidad   del   paisaje   urbano,   mucho   más   allá   de   la   que   se   viene   predicando   tradicionalmente   del   espacio   público,   permitirá   que los   ciudadanos   se   identifiquen   mejor   con   su   entorno   urbano   y   se   comprometan   en   su   preservación,   como   si   de   una   extensión   de   su   propio   hogar se   tratara.   Por   su   naturaleza,   el   paisaje   urbano   es   extensión   de   la   vivienda,   es   la   vivienda   colectiva,   es,   en   definitiva,   el   punto   de   encuentro   de   la ciudadanía. Los   habitantes   de   las   ciudades   tienen   derecho   a   vivir   en   un   medio   ambiente   urbano   en   el   que   se   respete   el   espacio   público,   el   patrimonio histórico,   la   integridad   de   la   arquitectura   de   las   edificaciones,   y   también   tienen   derecho   a   una   relación   más   libre   y   segura   con   ese   medio   ambiente urbano.   Y   esos   derechos   se   adquieren   mediante   el   goce   pacífico   de   un   paisaje   urbano   equilibrado   y   sostenible,   como   resultado   de   un   adecuado control de los excesos que desmejoran la calidad de vida y la seguridad de sus instalaciones, equipamientos y demás dotaciones en general. En   cada   ciudad,   para   la   definición   de   la   extensión   de   dichos   derechos   habrá   que   poner   en   marcha   mecanismos   de   colaboración   y   complicidad   con los   ciudadanos,   coproduciendo   entre   todos   la   ciudad.   Que   las   ciudades   se   doten   de   los   instrumentos   adecuados   para   la   consecución   de   estos objetivos   nos   aparece   como   la   mejor   apuesta   urbana   con   visión   de   futuro   y   orientación   a   resultados,   para   concretar   las   expectativas   creadas   por Hábitat II. La   semilla   de   nuestra   modesta   contribución   a   la   Nueva   Agenda   Urbana   que   ha   de   surgir   de   la   Conferencia   Hábitat   III   se   encuentra   recogida   en   la denominada   “Carta   del   Paisaje   Urbano   de   las   Ciudades”,   aprobada   con   ocasión   del   ya   citado   Primer   Congreso   Internacional   de   Paisaje   Urbano (ICOUL), celebrado en Sao Paulo en diciembre del año 2015 “Demandamos   que   los   gobiernos   locales   se   doten   de   instrumentos   específicos   para   la   gestión   del   paisaje   urbano   de   amplia   base,   que   establezcan y   ordenen   las   responsabilidades   individuales,   colectivas,   públicas   y   privadas,   en   beneficio   de   la   calidad   de   vida   en   y   de   la      se   sentaban   las   bases del nuevo desafío y oportunidad que la gestión del paisaje urbano representa para las ciudades: “Consideramos   que   el   paisaje   urbano   es   un   bien   de   carácter   esencial   en   el   entorno   de   convivencia   de   nuestras   ciudades   que   merece   una   especial atención   y   protección.   El   gran   problema   de   las   ciudades   no   está   en   la   falta   de   planeamiento   sino   más   bien   en   la   falta   de   un   cambio   de comportamiento de las personas en relación con el ambiente en el que viven y que compartimos”. ¿O   acaso   el   hecho   de   que   el   paisaje   urbano   sea   obra   del   hombre,   justifica   que   se   le   otorgue   una   menor   protección   jurídica   que   la   que   otorgamos   al paisaje que es obra de la madre naturaleza? “Consideramos   que   la   preservación   y   mejora   de   los   valores   del   paisaje   urbano   repercute   en   aspectos   clave   para   la   vida   urbana.   Así   conceptuado, el   paisaje   urbano   infiere   en   diversos   aspectos   de   nuestra   vida   cotidiana,   sobre   los   que   hay   que   velar   y   que   afectan   a   la   calidad   de   vida,   tales   como la salud, la educación, el bienestar.” Un   paisaje   urbano   armónico   hace   legible   una   ciudad,   y   expresa   la   autoestima   de   quienes   la   gobiernan   y   la   de   sus   ciudadanos.   La   particularidad geográfica   y   ambiental   en   la   que   se   implanta   una   ciudad,   y   la   cultura   de   quienes   la   habitan,   caracterizan   la   imagen   propia   y   la   identidad   que conforman su paisaje. “El   paisaje   urbano   debe   evidenciar   y   poner   en   valor   el   patrimonio   natural   y   cultural   que      garantiza   la   identidad   propia   de   cada   ciudad   y   explica   su historia.” Ello   en   la   línea   de   lo   ya   apuntado   durante   el   reciente   encuentro   UNESCO   “El   Paisaje   Urbano   Histórico   como   herramienta   del   desarrollo   urbano sostenible”, celebrado el 9 de septiembre de 2015, precisamente en la ciudad de Quito. “Consideramos   que   el   desgaste   que   sufren   las   ciudades   por   el   uso   intensivo   de   su   paisaje   debe   revertir   en   un   beneficio   directo   para   la   comunidad a través de mejoras tangibles del propio paisaje.” La   acusada   sensibilidad   respecto   de   las   intervenciones   sobre   el   paisaje   demanda   una   gestión   integrada   e   integral   de   sus   posibles   usos,   que concilie   el   mantenimiento   de   su   equilibrio   con   el   desarrollo   de   sus   funciones   socioeconómicas   y   culturales.   Se   requiere   de   una   gestión   abierta, planificada,   transversal   y   colaborativa   que   acompañe   la   evolución   natural   de   cada   ciudad,   contribuyendo   a   reconocer,   integrar,   establecer   o consolidar nuevas señas de identidad. “Emplazamos   a   las   administraciones   a   actuar   en   la   mejora   del   paisaje   y   a   garantizar   su   ordenación   armónica,   fomentando   la   habitabilidad   y   la seguridad de las ciudades, así como difundiendo las obligaciones y los derechos de los ciudadanos.” El   paisaje   urbano   es   el   resultado   de   las   actuaciones   públicas   y   privadas   sobe   la   ciudad.   Ambos   sectores,   que   comparten   la   responsabilidad   en   la configuración de la ciudad real, deben compartir asimismo la responsabilidad en su sostenibilidad, mantenimiento y mejora. “Consideramos    imprescindible    la    participación    activa    de    la    ciudadanía    en    el    mantenimiento    de    los    elementos    que    conforman    la    estructura aparente de la ciudad, y también en el ejercicio de  los derechos de urbanidad relativos a la preservación del paisaje.” La   optimización   de   los   valores   armónicos,   estéticos   y   cívicos   que   atesora   el   paisaje   urbano   se   encuentra   condicionada   por   el   uso   y   las   actividades que se desarrollan en las ciudades. Cualquier    alteración    en    las    relaciones    de    los    elementos    que    conforman    el    paisaje    puede    conducir    a    una    inestabilidad,    que    repercutirá negativamente en la calidad de vida ciudadana. “Apelamos   a   los   distintos   políticos   y   responsables   institucionales   que   aboguen   por   aunar   fuerzas   para   trabajar   juntos   por   unas   ciudades   más habitables,   más   humanas,   superando   intereses   particulares   en   aras   al   objetivo   común   de   mejorar   las   condiciones   de   convencía   en   los   entornos   y espacios urbanos.” En   el   derecho   a   un   paisaje   urbano   armónico   debe   prevalecer   la   ética   de   la   estética.   Hoy,   cuando   se   piensa   en   ciudad,   se   piensa   sobre   todo   en funcionalidad, pero debe pensarse también en su belleza. El culto a lo bello forma parte de la cultura del ser humano. “Entendemos que el paisaje urbano es sobre todo un punto de encuentro de la ciudadanía, en el que se dan cita el urbanismo y la urbanidad.” Dos elementos que al mismo tiempo representan dos de los principales ingredientes para un desarrollo urbano sostenible. En   el   plano   de   las   ideas   consideramos   que   la   Nueva   Agenda   Urbana   debe   apuntar   también   al   papel   esencial   de   los   procesos   participativos   de amplia   base   que   trasladen   la   experiencia   de   la   ciudadanía   a   la   acción   pública,   en   lo   que   nosotros   hemos   denominando   el   mecanismo   de coproducción   de   la   ciudad.   Dicho   mecanismo   debe   entenderse   como   parte   de   un   nuevo   discurso   político   que   tiene   su   sostén   en   la   defensa   del derecho   al   uso   colectivo   de   lo   que   es   público   y   también   de   lo   que   es   privado,   de   superar   el   espectro   del   espacio   público   desde   el      prisma   del paisaje   urbano   (incluyendo   directrices,   criterios   y   objetivos   para   su   preservación),   para   acabar   convergiendo   en   el   objetivo   de   mejorar   la   calidad   de vida, en hacer ciudades para vivir y sobretodo en hacerlas entre todos. En   el   plano   de   las   acciones   aspiramos   a   incorporar   en   la   Nueva   Agenda   Urbana   la   gestión   del   paisaje   urbano   como   el   conjunto   de   actuaciones necesarias   para   la   promoción,   protección,   preservación   y   conservación   de   la   calidad   de   vida   del   ser   humano   que   habita   en   ambientes   urbanos.   El paisaje de las ciudades es un sistema abierto que evoluciona continuamente, y por ello requiere de un tratamiento acorde a su carácter dinámico. Para cada habitante urbano del planeta la ciudad es su lugar, es su momento, es su vida.
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